Priista, homofóbico y nazista

Christer J. Espino es un joven militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que cobró relevancia después de publicar comentarios homofóbicos en su cuenta de Facebook. Entre otras cosas Espino sostiene que la homosexualidad es una enfermedad mental, que el enemigo en el siglo XXI es la “ideología de género” y que de tener un hijo homosexual debería “rehabilitársele”.

 

Hace apenas unos días el medio de información “Plumas Libres” publicó una nota que mostraba algunos de los comentarios homofóbicos realizados por Christer Espino, militante del PRI en el estado de Veracruz, a raíz de una publicación dónde preguntaba a sus contactos “¿Qué harían si tuvieran un hijo homosexual?”, respondiendo en varios comentarios que él buscaría “rehabilitarlo”, puesto que “los homosexuales suelen tener vidas llenas de problemas y enfermedades” y agregando que “el sufrimiento de los homosexuales es por su estilo de vida, no por la discriminación”, podemos suponer que Espino desconoce los testimonios de las personas que han sufrido el horror de las terapias de conversión de las cuales afirma hay casos “exitosos” y que según él “hay países donde ser homosexual y querer dejar de serlo, es ilegal”. En su cuenta de twitter, en el primer tweet que se lee, pues está fijado, diuce que: el enemigo en el siglo XXI es la “ideología de género”.

 

Además de lo anterior, resulta curioso que, en una de sus cuentas de Facebook, Espino se apoda a sí mismo “Nazzi”, en algunas otras de sus publicaciones realiza una apología a este régimen.

 

 

Los comentarios de Espino resultan especialmente incongruentes ya que es Secretario de Estrategia Digital de Jóvenes por México en su división para el estado de Veracruz, una red que busca acercarse a los jóvenes simpatizantes de su partido, y Delegado Distrital en Jóvenes Icadep Veracruz, instancia responsable de la formación ideológica y política de los miembros y simpatizantes del PRI.

 

 

Podemos cuestionarnos si esta postura homofóbica, empata con las juventudes a las que buscan llegar, pero en definitiva se separa de lo dicho por organismo internacionales como la Americal Psychological Association quien desde 1975 ha hecho un llamamiento a los psicólogos para trabajar activamente con el fin de eliminar el estigma de enfermedad mental asociado a las orientaciones sexuales no heterosexuales, o como la OMS que desde 1990 reconoce que la homosexualidad no es una enfermedad mental.

 

“Plumas Libres” intentó contactar con Renato Alarcón, dirigente estatal del PRI, para saber su opinión al respecto, pero el líder priista veracruzano se limitó a declarar que simplemente “desconocía el tema”, el tema no es de importancia menor como para guardar silencio ante ello.

¿Qué es la equidad de género?

Hoy en día se habla de “Equidad de Género” para entender que siguen existiendo desigualdades que sesgan nuestra convivencia social y acceso a derechos que son totalmente humanos y a los cuales, en tanto seres humanos, somos dignos de poseer, lo cual se traduce en riesgos considerables en salud, educación, economía e incluso política.

La construcción lingüística de Equidad de Género, está conformada de dos conceptos que se complementan: “Equidad”, que hace referencia al proceso que garantiza el acceso a habilidades, saberes, destrezas y oportunidades a hombres y mujeres, al permitir una igualdad en condiciones de vida; mientras que “Género” hace referencia a algo más allá del sexo biológico, a un proceso por el cual nos apropiamos de un estilo y formas de vida, una identidad y una manera de vivir nuestra compleja subjetividad en relación con los otros y con el mundo, así como roles de género que fungen como códigos que determinan las acciones propias de una mujer y de un hombre, situando en desventaja a la mujer, generalmente.

 

Hoy en día, aún no está totalmente permitido o aceptado que las mujeres obtengan puestos directivos, que lideren una campaña o que obtengan mayores estudios que la licenciatura, como resultado de un estigma de debilidad que, históricamente, se le ha asignado al género femenino, y con ello a sus derivaciones. No obstante, además de la miniminización de la mujer, surgen otros grupos y comunidades que se sitúan en marginación sociocultural, tales como los miembros de la comunidad LGBTTTIQ, personas en situación de calle, personas con alguna infección de transmisión sexual, personas de color, migrantes, pertenecientes a alguna etnia o raza, etc.

 

Simone de Beauvoir, aguerrida feminista, dijo en su momento que “No se nace mujer, se llega a serlo”, con lo cual indicó que la palabra “mujer” es un concepto abstracto cargado de etiquetas que una fémina debe cumplir, pues, de no hacerlo, la sociedad la segrega a tal grado de excluirla y marginarla para no tener peso ni presencia en asuntos trascendentes de una cultura, de una sociedad o de una nación en sí. Podemos ver que algo similar sucede con los hombres, quienes también deben de cumplir con ciertas expectativas de “fortaleza” y liderazgo, pero un liderazgo entendido casi en sentido primitivo, en donde es el líder el que tiene que sostener, única y exclusivamente él, el hogar, la familia, la empresa, la escuela, la nación, etc., lo cual trae consigo ciertas pautas de comportamiento social, colectivo e individual para poder ser incluido en sociedad y ser visto como lo que debe ser un hombre y lo que debe ser, por otro lado, una mujer, dictada por el discurso machista sostenido históricamente por la estructura patriarcal.

 

Si entendemos que, estructuralmente, se es hombre o se es mujer, y que en términos concretos, hombre se refiere a fortaleza, mientras que mujer se refiere a debilidad y/o sometimiento, no cabría duda de que quien no es fuerte, automáticamente pasa a ser débil, como es el caso de los homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, etc., quienes no cumplen con normas establecidas por la heteronorma que, aún en siglo XXI impera en nuestra estructura sociocultural.

 

Por último, la equidad de género apela por la no discriminación y la inclusión de las poblaciones marginadas por la sociedad, a una libre y sana convivencia entre géneros, optando así por políticas que den acceso a servicios tecnológicos y financieros que abarquen dichas poblaciones. Así también, equilibrar la distribución del trabajo y salario, entendiendo que lo justo no es unilateral, sino una manera de otorgar los privilegios, derechos y obligaciones en función de las características físicas, psicológicas, sociales, culturales, de etnia, de raza, de sexo, medioambientales, etc.

 

Generemos conciencia sobre el asunto que nos atañe a los que nos encontramos en marginación, y no sucumbamos ante la negativa de la sociedad, pues de nuestra unión y nuestro activismo sustentado depende nuestro porvenir y una mejor convivencia intercultural, sana e incluyente, donde las diferencias formen parte de la igualdad de derechos y la equidad permita acceder al disfrute y goce de la vida.

 


Patrick Ancheyta

Tiene 25 años y estudia en Psicología en la UNAM.